La papa em-panama-da (Parte I – Sopa)

31 jul

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La frase “viajar es un placer” ha sido ampliamente utilizada desde épocas inmemoriales. Hoy en día nadie pone en duda su veracidad. Sin embargo, desde mi punto de vista, el uso de esta frase debería ser penado por la ley y, en consecuencia, eliminado completamente de nuestro vocabulario. Para defender mi posición, es necesario descomponer la acción “viajar” en cada una de sus partes: viajar al destino, estar en el destino y regresar del destino.

En cada una de estas etapas, el placer no es precisamente la sensación que nos invade. De hecho, me atrevo a decir que la única parte placentera es la que corresponde a “estar en el destino”. De esta forma, la frase se transforma en “viajar es un 33.33% placentero”. Ya que los ejemplos facilitan el aprendizaje, utilizaré mi reciente viaje a Panamá como caso de estudio.

El miércoles me levanté a las 7 de la madrugada preparada para hacer la maleta, que en unas horas estaría volando rumbo a Panamá en un avión de Rutas Aéreas Venezolanas –sí, esa aerolínea existe-. La mañana transcurrió en una lucha contra la compulsión de llevarme hasta el abrigo de invierno -porque uno nunca sabe- y la necesidad de montarme en el Orbitrek, como parte de la preparación física necesaria para comer en grandes cantidades cuando llegara a Panamá.

A las 3:30pm mi maleta, llena de una considerable cantidad de “uno nunca sabe”, hacía la cola de chequeo en el counter de la aerolínea. Sentada sobre mi maleta, esperé que algún alma caritativa nos hiciera el grandísimo favor de chequearnos. El tiempo que esperé en la cola era proporcional a la cantidad de artículos que llevaba en la maleta. Finalmente, llegó mi turno.

Detrás del mostrador se disponían tres personas separadas por unos 30cm de distancia que, entre ellos, se hacían llamar “taquillas”. Cabe destacar que, a pesar del incremento observado a escala mundial en el uso de nuevas tecnologías, esta gente se niega a utilizar cualquier tipo de aparato electrónico incluyendo calculadoras, computadoras, puntos de venta, teléfonos, entre otros.

¡Por los clavos de Cristo y la tumba de Michael Jackson, hasta el perrero del CADA de Las Mercedes tiene punto de venta! Lo que no me explico es si este tipo de práctica se deba a la reciente restricción de consumo eléctrico o sea el resultado de mantenerse fiel al uso de las tablas de multiplicar de los cuadernos Caribe, los ábacos y los lápices Mongol número 2.

El representante de la “taquilla 1” recibió mi maleta y tras varios intentos frustrados de engrapar el ticket de equipaje en el boleto, me lo entregó diciendo: “es mejor que lo lleve en su cartera para que no se le pierda”. Seguidamente, saqué el dinero para cancelar el impuesto de salida. El señor de la “taquilla 1″ me indicó que el dinero debía entregárselo al compatriota de la “taquilla 2″. Haciendo un esfuerzo heroico, me moví 30cm a mi izquierda (donde estaba ubicada la siguiente taquilla) y le entregué el dinero al sujeto en cuestión.

Mientras caminaba hacia inmigración, me preparaba psicológicamente para el “streaptease time” requerido para pasar por el detector de metales. Mi show fue súper completo y terminé quitándome hasta las amalgamas. En ese momento, se me ocurrió que el detector de metales sería más simpático, si se sustituyera la molesta alarma por una voz que dijera “que se lo quite, que se lo quite”. Luego de los aplausos, me vestí y pasé a la cola para que me sellaran el pasaporte.

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que viajan a Panamá. Con esa frase en mente entré al Duty Free. Con toda la calma que NO me caracteriza, comencé a recorrer el aeropuerto. Casi muero –no sé si cristianamente- cuando leí en la puerta de un local la frase Smoking Lounge. De forma similar, casi muero cuando me enteré que había que pagar para entrar. ¡Qué falta de consideración! ¡Usureros! ¡Abusadores! ¿No es suficiente que Bigott se enriquezca con el deterioro de mis pulmones?

Pero como buena venezolana, me coleé y fumé. Por cierto, espectacular el “fumadero”, tenía unos extractores súper chic llamados “papeleras de humo”, que permitían verle la cara a la gente y no tropezar con las mesas y sillas. Confieso que el sitio era hasta agradable, por lo que regresé un par de veces más, mientras esperaba que mi vuelo, extrañamente retrasado, saliera.

Esperé tanto que, a veces, se me olvidaba por qué estaba esperando. Primero esperé por el avión, luego esperé por la tripulación, después esperé porque esperar es parte del protocolo. Con sobredosis de “esperar” le pregunté a un representante de la aerolínea por qué seguíamos esperando. Su respuesta fue de campeonato: “Ya no es el avión que ya lo tenemos, ahora es el guardia nacional que debe revisar las maletas, ¿dónde lo hallaremos?”

Según cuentos de camino, es necesario que un guardia nacional revise el equipaje antes de abordar y, al parecer, todos los guardias nacionales del aeropuerto, el mundo y sus alrededores, cenan entre 7 y 9pm –horario en el que debía salir el avión-. A las 9pm, el guardia nacional hizo acto de presencia. Las ganas de escupirle, no uno sino los dos ojos y darle cachetadas hasta que me doliera la mano, se desvanecieron por el simple hecho de saber que ya me iba a poder montar en el avión, reclinar mi asiento y dormir placenteramente hasta llegar a Panamá.

Un autobús nos llevó hasta el avión y comenzamos a abordar. Me tocaba sentarme en el pasillo, pero un HDP vestido de buen samaritano me dijo “si quieres te cambio la ventana por el pasillo”. Inmediatamente, dije sí. Me senté en la flamante “butaca de la ventana” y comencé a buscar desesperadamente el botón para reclinar el asiento. El “buen samaritano” dormía plácidamente en su butaca completamente reclinada.

Me di la vuelta y le pregunté al tipo de atrás si sabía en dónde estaba el botón. Su respuesta taladró mi cerebro por unos minutos: “ese asiento no se reclina porque está delante de la salida de emergencia”. Me arrepentí de no haberle escupido el ojo al guardia (aunque no tenía nada que ver, hubiese sido una buena terapia anti estrés). Las dos horas de vuelo sirvieron para mantener mi columna recta y como tratamiento de ortodoncia, gracias al asiento reclinado del que iba adelante.

Llegamos a Panamá a las 11:30pm GMT -5 y a las 12:30am nos recogió el autobús del Royal Decameron. El hotel queda a dos horas del aeropuerto y en el camino lo único que se ve es monte –y creo que culebras, pero no las vi porque era de noche-. El autobús nos dejó en el hotel a las 2:30am. Con el estómago pegado del espinazo y rasgándome las vestiduras del hambre, me arrepentí de no haberme comido el precario pan con queso del avión. A esa hora en el hotel, ni los baños estaban abiertos.

Sin embargo, el recepcionista me indicó que al final del hotel había una discoteca que cerraba a las 3am donde podría tomarme algo. Dejamos las maletas en la habitación y emprendimos el viaje hacia la discoteca “La Candela”. Es importante destacar que el hotel tiene 2km de largo y, aún más importante, que mi habitación estaba en el extremo opuesto a la discoteca.

Como si me preparara para el Nike 10K, corrí hasta llegar a la discoteca. Ya estaban cerrando, por lo que le pedí al bartender que me diera 4 vasos de Coca-Cola light. En medio de una cantidad de adolescentes ligeramente embriagados y escuchando un reggaetón “a tres tablas”, me senté en un muro con mis cuatro vasos y mi caja de cigarros. Así comenzaba mi verdadera parte placentera, mi 33.33%.

Mapa del hotel Royal Decameron en Panamá

Mapa del hotel Royal Decameron en Panamá

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5 comentarios hacia “La papa em-panama-da (Parte I – Sopa)”

  1. Oliver Ollarves julio 31, 2010 a 10:41 pm #

    jajajaja demasiado bueno Fabi :)

  2. Ana M Chapellin julio 31, 2010 a 10:45 pm #

    Faby, amiga, buen relato de lo que pasamos iendo a Panama!!!! te falto el comentario muy comico tuyo: esta es la cola para entrar a fumar?? jajajaja

    • fabianadipolo julio 31, 2010 a 10:56 pm #

      jajajajajajajajajajaja verdad!!!! Se me había olvidado!!! Por cierto, ahorita Miguel está editando el video de la boda, pronto lo montamos en YouTube! Esa sería una buena excusa para reunirnos! Un abrazo!!!!

  3. alicia agosto 5, 2010 a 11:55 am #

    Excelente tu narración del viaje a Panamá, me reí como no tienes idea!!!!!. Te quiero mucho.

  4. Mónica agosto 28, 2010 a 9:30 pm #

    jajajaja muy buena narración de cómo se sufre cuando se viaja!

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