Cómo recalentar una pizza #LikeABoss

Si eres de las personas que les encanta pedir pizza pero siempre dejan la mitad ‘pal perro’, tienes que aprender a recalentarla como un experto.

La idea es que no te comas un tolete congelado de masa con ‘vaya a usted a saber qué demonios’ o que termines comiendo masa de chicle por haber metido el pedazo de pizza en el microondas. Eso es de novatos y de gente demasiado inocente en la vida.

Por todas esas razones y para que puedas ser más feliz en esta y otras vidas, comparto este truco de supervivencia militar.

Pasos a seguir:

  1. Agarra tu pizza helada de nevera y coloca en un sartén anti adherente (teflón, cerámica, etc) a temperatura o fuego de bajo a medio
  2. Cocina durante dos minutos o hasta que la parte de abajo de la pizza esté tostadita
  3. Coloca dos gotas de agua en el sartén caliente, lejos de la pizza. Coloca la temperatura o el fuego bien bajo
  4. Tapa el sartén y cocina durante un minuto para que el queso se derrita
  5. Cómete la pizza o dásela al perro

Si no entendiste nada, a continuación instrucciones gráficas :)
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Vacaciones, cumpleaños, locales cerrados e Il Duomo dei Sapori

Los cumpleaños a veces pueden convertirse en un problema, sobre todo si no es el tuyo y te toca inventar algo muy cool para el agasajado. A esto vamos a agregarle una pizca de vacaciones y dos tazas de turismo nacional, mezcle hasta obtener una Colonia Tovar atestada de gente, unos restaurantes cerrados y uno que otro local lleno de niños.

Lo que podía ser un problema manejable, rápidamente se transforma en un tifón de respuestas negativas. Así comienza esta historia de penurias con final feliz.

Sábado en la mañana, comienza la incansable búsqueda de “un sitio bien de pinga, que no conozca el homenajeado, que se coma rico, con un ambiente súper agradable, con atención de primera y que no sea tan caro”. Utópico. Me bajo de la nube e intento buscar algo que al menos cumpla con dos de las características antes descritas.

Inicio la labor detectivesca llamando a Casa Pakea. “Tu, tu, tu, Casa Pakea estará de vacaciones desde el 28 de agosto hasta el 10 de octubre”. Me quedo un rato con el teléfono en la mano y llamo una segunda vez para comprobar que lo que escuché no es un chiste. Y no, no es un chiste. Comienzo a reflexionar sobre la flojera del venezolano, las largas vacaciones, la sostenibilidad de ciertos negocios.

Me empeño en buscar algo alejado del tumulto citadino y acto seguido llamo a Le Galipanier. “Tu, tu, tu, Le Galipanier ha cerrado sus puertas y ahora los esperamos en jkasfc bistró en Los Galpones”. ¿Qué? No comprendo, sigo con el teléfono en la mano y googleo ‘bistró los galpones’, para descubrir que jkasfc bistró = hache bistró. Tranco el teléfono con un dejo de arrechera.

Descartado el destino Galipán me inclino a un Hatillazo. Recuerdo el día que fui a la Trattoria Al Tata y me cerraron la puerta en la cara por un tema de horario incomprensible. Lo pienso varias veces, veo la hora y las cuentas me dan. Nuevamente, tomo el teléfono “Tu, tu, tu, Trattoria Al Tata estará de vacaciones des…” Un no me jodas claro y fuerte es lo único que viene a mi mente. Sentí que el karma de todas mis generaciones me estaba cayendo encima.

Empiezo una búsqueda desesperada en Google. De repente se cuela un resultado con miras a tener éxito. Il Duomo dei Sapori, atendido por el chef Tony Maldonado, pagos solo en efectivo, se requiere reservación. Hmmm, esto se proyecta. Tomo el teléfono por cuarta vez.

Línea telefónica: tu, tu, tu
Tony Maldonado: si buenas
Yo: buenas, estoy llamando para dos cosas, la primera es que quiero hacer una reservación, la segunda es para ver si los pagos son sólo en efectivo
Tony Maldonado: los pagos pueden ser en transferencia, cheque o efectivo
Yo interno: plomo
Yo: perfecto, quisiera hacer una reservación para dos personas
Tony: excelente, a nombre de quién y a qué hora
Yo: a las 4 de la tarde a nombre de Fabiana Di Polo
Tony: sei italiana?
Yo interno: coño que no se vaya a lanzar una tertulia en italiano
Yo: si
Tony: perfecto, los esperamos a las 4. Sabes llegar?
Yo: no, ni idea
Tony: sabes dónde queda el dispensario?
Yo interno: ni idea
Yo: si
Tony: ok, cerca hay unas barras, un teléfono público, un rayado -hubo cierta interferencia y eso es lo que recuerdo-, te paras en esa calle y luego te vas caminando hasta la casa 22. El restaurante es la casa de al lado, llámame cuando llegues para abrirte.
Yo interno: ¿?
Yo: ok

A las 3, con cumpleañero en mano, me lanzo a El Hatillo a buscar aquella dirección incomprensible para mi, pero con una seguridad digna de envidia. Tras un par de vueltas veo el teléfono público, el rayado, las barras. Paro el carro y, entaconada, emprendo la subidita hasta la casa 22. Al lado, en una reja color naranja, nos espera… Ni idea de qué nos espera. Toco la puerta, llamo por teléfono y a los 5 minutos un señor ¿gocho? nos abre la puerta. Amablemente nos conduce a la cocina de la casa.

Dos mesas, una de ocho personas, otra de cuatro; la puerta del baño; la cocina. Nos sentamos en la de ocho, aunque somos dos, pero es que la mesa está puesta, tal como si fueras a comer en tu casa. El ¿gocho? nos pregunta qué vamos a tomar y nos da el menú. A lo margariteño, pedimos dos cervezas. El ¿gocho? nos mira un tanto sorprendidos y nos dice que solo hay vino y que hay que pedirlo por botella. Me veo completamente borracha y en tacones saliendo del recinto y respondo: “oye, ¿pero no lo hay por copa?”. El ¿gocho? nos responde que no. Pedimos agua y coca cola light.

De pronto aparece Tony Maldonado. Me impresiono, esperaba a un carajo más parecido a Mario Bros y me consigo con una cara más parecida a El Conde del Guácharo. Simpatiquísimo, nos echa el cuento de su paso por Italia, vemos los títulos pegados en una pared. Le agarro confianza. Se lanza una cháchara en italiano con el cumpleañero y nos comenta que el menú se cambia cada quince días. Nos brinda un vino tinto que puede vender por copa. Somos felices.

El menú tiene pocas opciones pero bien concebidas. Entrada, primer plato, segundo plato y postre. Pedimos de todo, excepto el primer plato, es pasta y no queremos salir en ambulancia por sobrealimentación. Nos traen un pan casero espectacular con berenjenas picaditas, aceite de oliva y parmesano y una especie de pico de gallo con alcaparras. Pedimos minestra con camarones, filete de curvina con camarones y lentejas, lomito al grill con vegetales y arroz jazmín, tiramisú para concluir con el paladar endulzado. Todo está divinamente preparado. El lomito más cocido de lo normal, pero se lo paso porque la atención y el resto de los platos han estado a la altura.

Momento de pagar. La cuenta es un poco alta, pero recuerdo todo lo que pedimos y el servicio que nos brindaron y me parece que tampoco es tanto. Saco mi chequera, pues no hay punto de venta. Tony agarra el cheque, lo mete debajo de unos ¿libros? en un estante y me dice que lo cobrará el lunes. Hablamos un poco más con Tony, nos parece un tipo súper agradable. Dejamos la propina y el ¿gocho? nos dirige a la salida.

Estamos full, pero contentos. Comimos divino y nos atendieron esmeradamente. Nos miramos con cara de extrañeza. Twilight Zone es una metáfora que podríamos usar para definir la experiencia. Tan rara como buena.

Me siento a escribir esta reseña después de haber recibido un mensaje de mi banco, notificando el cobro del cheque. Me siento bien. Marco en el calendario, quince días después, la próxima fecha en la que iré al Duomo dei Sapori a probar los nuevos platos.

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Aprende a usar el cuchillo como un ninja en la cocina

Usar el cuchillo de forma correcta al picar vegetales, verduras, etc., es todo un arte. De igual forma, se ve extremadamente feo, vulgar y poco profesional, la gente que pica mal o que agarra el cuchillo como si fuera una papa.

Para que no sigan pasando pena por la vida y se luzcan en su próxima cena, aquí les dejo unas fotos con cierta explicación sobre como usar el cuchillo al mejor modo ninja gaiden.

Me disculpan las fotos, pero eso fue lo mejor que encontré.

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Para empezar, la punta del cuchillo se mantiene siempre apoyada en la tabla

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La mano que no tiene el cuchillo se debe colocar como muestra la figura, con el dedo pulgar hacia atrás

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Finalmente, la hoja del cuchillo se debe apoyar en la primera falange del dedo mayor o dedo medio

Fuente: http://detucasahogar.com.ar/

Vista de un huevo escalfado bajo el agua hirviendo

Sí, hay personas que no aprecian los bienes materiales… Un aplauso a aquellos que grabaron el proceso de escalfar un huevo bajo el agua hirviendo.

Los arriesgados son los responsables del canal de YouTube “How To Make Sushi Japanese Food Recipes”, quienes usaron una cámara GoPro para grabar el proceso. El creador del video dijo haber insertado la cámara en un case estándar para ser usado bajo el agua. El case se terminó fracturando por el calor, pero la cámara, al parecer sigue funcionando… Well done guys…

Aquí el video de la hazaña:

La matemática de Le Coq D’or

Estafada, perturbada, burlada, son palabras que describen el sentimiento que ciertos eventos/situaciones/objetos pueden causar en cualquier persona, sobre todo si ésta tiene cierto conocimiento matemático y espacial. Olvídense de la NASA, estoy hablando del ciudadano promedio de este país, relativamente acostumbrado a eventos/situaciones/objetos asombrosos.

En el colegio, la universidad, el liceo o cualquier recinto educativo que se respete (que imparta clases de matemática), a los aprendices se les explica que x es inversamente proporcional y si, a medida que crece x decrece, en consecuencia, y. Es importante que se entienda esta propiedad pues ella explica lo que me ha venido pasando, con más frecuencia de la deseada, en Le Coq D’or.

Como yo soy bien pegada, me empeño en pedir, casi siempre, los mismos platos. Eso me da cierto “poder” histórico y analítico, de forma que puedo llevar tracking completo de la evolución -o involución en este caso- de los platos en cuestión. El registro incluye material fotográfico de comprobada veracidad.

El bendito problemita de Le Coq D’or es que, o aumentaron el tamaño de los platos, o redujeron considerablemente el tamaño de la porción. En particular, he venido llevando un registro exhaustivo sobre “el lomito tres salsas” (que ya no aparece en el menú, pero igual lo sirven).

Por allá por el año 2013, el plato consistía de tres poderosos medallones de lomito bañados en salsa bernesa, salsa de mostaza antigua y salsa de oporto. El precio en aquel año pudo haber sido de unos 250 Bs.

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Actualmente, da la impresión de que uno fue a Le Coq D’or a comer plato. El color blanco se apoderó del suculento manjar y no precisamente porque ahora sirvan lomito albino. Las dimensiones de los tres medallones no son capaces de llenar aquella llanura de cerámica, porcelana o cualquiera sea el material usado en la vajilla. Ahí es donde uno ve el plato y dice: “esto es un error de la matriz”.

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El problema se complica cuando además te tratan de cobrar la módica suma de 600 Bs. por aquellos canapés. En este punto, retomamos lo que aprendimos en el recinto escolar y entendemos finalmente lo que significa “inversamente proporcional”. Aquí la cosa es matemática simple y se dice así: A mayor precio, menos medallón y más metra.

Es cierto que la economía en este país -si existe tal cosa como esa- es paupérrima, pero cónfiro (por no decir coño) a mi no me invitaron a un matrimonio a comer pasapalos. Más respeto a los comensales, ar favor.

Aprende a cortar quesos #LikeABoss

Los quesos, dependiendo de su forma y tamaño, se cortan de manera distinta. Lo ideal es que al cortar un queso, se puedan probar todas sus partes.

Aquí les dejo una serie de imágenes #BienEducativas, para que aprendan a cortar quesos como Dios manda, es decir, #LikeABoss

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El Café del Establo – lo que la escasez se llevó

Hay una palabrita nefasta que ha venido convulsionado la cotidianidad del venezolano desde hace unos cuantos años. Es el mantra que se repite en cada supermercado, taller, casa, librería, bodega, farmacia, abasto, peluquería, ferretería y todo lo que termine en “ría”. La desgraciada se conoce en los bajos fondos de la RAE como “escasez”.

Como una enfermedad maligna, se ha ido metiendo sin prisa pero sin pausa en todos los ámbitos: material, espiritual, social. Si, y es que aquí no solo faltan la leche y la harina pan, también tenemos una fuerte escasez de educación, principios y valores. Sin embargo, la finalidad de este post no es deprimirlos ni recordar lo dañada que está nuestra sociedad, pero es menester quejarme y echarles un cuento de hambre en tiempos de escasez.

Por allá, por el año 2010, conocí El café del establo, un sitio que siempre tuve en mi TOP 5 de restaurantes (‘es mi lugar favorito pero voy a engordar demasiado’). En mi escala de clasificación, esos son los mejores. Son los restaurantes que siempre recuerdas pero casi nunca vas. Aquellos que le recomiendas a todo el mundo pero que tú llevas siglos sin ir, de vaina (no conseguí un buen sinónimo, me pareció demasiado nulo usar ‘carambola’, ‘broma’ o ‘chiripa’) sabes que aún existen (a veces ni siquiera sabes eso).

Y de repente llega un día súper x en el que, tratando de impresionar, llevas a alguien a comer a ese ‘lugar favorito’. Uno se la tira de gourmet, recomendando los platos que comiste hace casi un lustro. Uno si es inocente. Porque el problema es que uno jura que todo está igualito (como el cuartico de Panchito Riset). Sí, uno se hace la balurda ilusión de que la escasez y esas pistoladas no afectan a los restaurantes, como si quedaran en Suiza.

El problema de El café del establo es que la escasez los golpeó por varios flancos, pues hasta les quitó a los mesoneros la capacidad de comunicarse con los comensales. Como yo era una ‘experta’ en las especialidades del mentado establecimiento, no di mucho chance para ver el menú. Era obvio que teníamos que pedir el fondue de queso criollo y el plato de degustación mantuana.

El fondue de queso criollo está hecho a base de queso de mano, telita, llanero y guayanés; acompañado de arepitas fritas, cachapitas y mini bolitas de plátano . Si haces a un lado la imagen del montón de triglicéridos y colesterol viajando por tus arterias, aquello es mundial, es el cheat meal de tres sábados consecutivos (Dios no quiera que Sascha Fitness lea esto). Para muestra, una foto.

Fondue de queso - Café del establo

Antes de hablar del plato de degustación mantuana, considero relevante comentar que yo soñaba día y noche con este plato. Cuando hacía dieta, los antiguos espíritus del mal se apoderaban de mi cuerpo decadente, enviando mensajes oscuros con imágenes de los bollos pelones que componían esta degustación. Al ir al gimnasio -aquella época remota-, mi mente dibujaba ruedas de asado negro con arroz. No hubo un solo individuo conocido que dejase de escuchar lo maravillosa que era la polvorosa de pollo.

Dicho esto, procedo a explicar lo que en el 2010 era un plato de degustación mantuana en El café del establo: polvorosa de pollo, pastel de chucho, asado negro con arroz, chips de batata y 3 bollos pelones (cazón, pollo y carne). Todo en un solo plato. Importante destacar que los bollos pelones eran a base de plátano con un espectacular ‘tolete’ (porque pedazo se queda corto) de queso de mano como corona.

Año 2014. Escasez de harina pan, aceite, queso, papel toilette, educación, entre otros. La mesonera toma el pedido y sin decir ni ‘ñe’ se marcha. 15 minutos más tarde aparece el fondue. Cool, todo bien, llegaron las arepas, las cachapitas, las bolitas de plátano, todo estaba allí. Pasaron 5 minutos más y apareció un plato de dudosa reputación. Yo, arrecha (porque decir que estaba molesta no le haría justicia a mi estado de ánimo), vi a la mesonera con cara de ‘mijita… cómo te explico’. A lo que la susodicha respondió con un ‘ah, se me olvidó decirle que no hay bollos pelones y se lo reemplazamos por una mini cachapa’.

Yo, me reseteé. Se me formateó el disco duro. Hasta el día de hoy no he conseguido el insulto apropiado ni la grosería que relajaría mis músculos faciales ¿Mini cachapa dura y fría = 3 bollos pelones con tolete de queso? ¿En dónde le enseñaron a esta gente matemáticas? Por otra parte, si pudieron hacer el fondue de QUESO, si fueron capaces de  FREIR el arsenal de arepas, si lograron hacer bolitas de PLÁTANO, ¿cuál fue el ingrediente que faltó? ¿qué fue lo que la escasez se llevó?

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Yo no soy la misma desde aquel día. Aquel plato recordado con la emoción de un niño en navidad, se convirtió en mi peor pesadilla. Todo estaba frío. La RUEDA de asado se convirtió en una hilacha similar a unas sobras de carne mechada. Los chips de batata eran un arma blanca, no apta para personas con problemas dentales o planchas. Y la cachapa, ay la cachapa, era el peor insulto a cualquier alimento que se pueda preparar a base de maíz.

Perversa escasez, te llevaste mis bollos pelones, la mitad de mi asado negro, el calor de mi polvorosa de pollo, el crujir de mis chips de batata y el poder de comunicación de la mesonera que me atendió. Agradezco devolución inmediata.

 

TO DO: Comer en el Palms ☑ -historia de un recordatorio-

En esta ciudad (Caracas), una cantidad importante de locales cierran antes de que te hayas enterado de su fantasmagórica existencia. Hay otros cuyo nombre escuchaste pero que nunca tuviste la oportunidad, los reales o las ganas de visitar. También están aquellos que conociste pero que pasaron a mejor vida justo cuando les estabas agarrando cariño -caso L’Osteria, convertido en un Sport Bar Family Book Center-.

Finalmente, tenemos a los restaurantes que siempre estuvieron en tu lista de to do’s pero creíste que nunca llegarías a conocer. Para hacer la historia corta -Dios, nunca puedo hacer una historia corta-, el Palms entraría en este último grupo.

Hace sopotocientos millones de años escuché que Helena Ibarra estaba a cargo del restaurante Palms del Hotel Altamira Suites. Desde ese momento anoté en mi bloc de notas Caribe -olvídense de Moleskine, esa vaina no existía-: “Comer en el Palms”. Con el pasar del tiempo, el bloc fue víctima de rayones, manchas de café, quemaduras de cigarro y un sinfín de abusos, hasta que finalmente terminó en la basura y con él la lista de to do’s.

Recordatorio perdido, tarea olvidada.

Fue alrededor de agosto de 2013 cuando, dando vueltas por Altamira, el aviso medio luminoso del Hotel Altamira Suites me hizo recordar el bloc Caribe y el desvencijado item “Comer en el Palms”. 

La posibilidad de poner un check sobre la tarea me produjo un trastorno obsesivo-compulsivo y no pude pensar en otra cosa que no fuera entrar y finalmente tachar, al tan mentado establecimiento, de mi lista -aunque esta ya no existiera físicamente-.

Y así fue como terminé sentada en la terraza del Palms, al lado de la piscina y con un educado -pero no muy ducho- mesonero, preguntándome qué quería tomar. Me encantaría decir que me tomé una copa de vino o un campari con soda o cualquier cosa menos universitaria, pero la verdad es que me caí a cervezas. Lo siento. Hacía calor.

Con el menú en la mano, lo primero que noté es que los nombres de los platos eran tan originales como cursis. Demasiada creatividad para mi gusto.

De entrada pedimos unas empanadas de cazón, que ni en Cumaná y sus alrededores podrían hacerlas tan bien -me disculpan los cumaneses-. Doraditas, crujientes, con la cantidad exacta de relleno y el grosor perfecto. De revista. Las empanaditas vinieron acompañadas de tequeños rellenos de queso de cabra con sirope de papelón y unos topochos con ceviche de róbalo y salsa de cilantro.

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Después de sentir en vida la gloria divina, podía haberme ido sin patalear. Aún así -y full-, esperé con cierta ansiedad lo que venía. El hombrecillo educado se presentó con una combinación de punta y solomo con hilos de papa y un churrasco de mero con calamares, adornado con florecitas, hojitas y cositas varias. Suena tan cursi como el menú, pero la verdad es que la decoración del plato me pareció genial.

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Quise guardar espacio para el postre, pero muy a mi pesar no lo encontré. Esto es un tanto contradictorio pues he leído muchísimas reseñas quejándose del tamaño de las raciones. No sé si con el pasar de los años modificaron las cantidades o si la queja se debe a que a la gente le encanta meterse una Festal®-papa. A mi me pareció el sabor perfecto en el tamaño adecuado. Cabe destacar que después de esta vez he seguido visitando el lugar con los mismos resultados, por lo demás, satisfactorios.

Al igual que el tema de las raciones, he visto infinidad de comentarios con respecto a los altos precios. Y no es del todo falso, pero como no estás comiendo hamburguesita con queso y papas fritas, obviamente no encontrarás precios de McDonald’s -que ya no es tan barato-. Es más, hoy en día, cualquier taguara de esta ciudad llega a tener platos, de dudosa calidad, con precios más altos que el Palms.

Mi recomendación, buscar el chance, las ganas y los reales para que este sitio no se convierta en uno de esos restaurantes cuyo nombre escuchaste pero nunca visitaste.

Palms queda en la 1ra Av. con 1ra Transversal de Los Palos Grandes en la Planta Baja del Hotel Altamira Suites.

La peor primera vez se la tira de -la pequeña- suiza

No son muchas las opciones de comida Suiza en este país (Venezuela). Aquí lo que abunda son restaurantes italianos, españoles, chino – tropicalizado y japonés – tropicalizado. Cabe destacar que comer fondue (uno de los pocos platos que se sirven en estos restaurantes) no es precisamente popular entre los venezolanos e imagino las razones. La vaina es más un show de esgrima que una experiencia gastronómica. Para colmo, siempre hay un pendejo en la mesa que se empeña en agarrar tu pedazo de carne que, por lo general, es más grande que el de él.

Es menester mencionar que el fondue, particularmente el de carne, es un plato de precio elevado que, por lo demás, no cubre la demanda de estómagos con cierto metraje cuadrado. Lo anterior es interesante analizarlo tomando en consideración que usted se cocina su propia comida.

A pesar de las razones expuestas, el fondue – de queso, carne o chocolate- es uno de mis platos favoritos. Dicho esto, considero que no requiere mayor explicación mi -atropellada- visita al restaurante La Pequeña Suiza en El Hatillo.

El sitio lo descubrí gracias a que la Trattoria al Tatta, la cual no conozco, tiene un horario parecido al de la casa de mi abuela: se almuerza a las 12 y se cena a las 7, punto. En fin, después de haber parado el carro en el puesto que más nunca en la vida conseguiré -justo frente a la trattoria- resultó que el sitio en cuestión estaba cerrado. Ya en El Hatillo, a uno no le queda más opción que resolverse en las inmediaciones del mentado pueblo. Así fue como llegué a la Pequeña Suiza.

Al entrar, sentí que estaba llegando a la Colonia Tovar pero zombie. Nadie salió a atendernos. Al rato, una señora salió del baño y nos indicó que teníamos que subir las escaleras. El sitio se veía interesante, en particular la terraza, la cual estaba hasta las metras. Decidimos sentarnos en una mesa en el interior del local, cuando apareció de la nada el ser vivo -si es que eso está vivo- menos educado del planeta diciendo “no puede sentarse ahí”. Ante mi cara de asombro solo articuló “esa mesa es pa’ 6″.

Un poco confundidos, nos invitaron/mandaron a sentarnos en una mesa, obviamente, al lado del baño. Necia, como siempre, dije “yo ni de vaina me siento en esa mesa, vámonos”. Pronunciadas estas palabras, otro mesonero un poco más cordial, entró en pánico y nos invitó a sentarnos en un mesa un poco más agradable y accedimos. El primer error de una serie de errores.

El segundo error fue la elección de los platos. De entrada pedimos un tartar de salmón -nada más a nosotros se nos ocurre pedir un tartar de salmón aquí-. Cuando “aquello” llegó a la mesa tuve ganas de llorar, un corazón -literal- de queso crema envuelto en unas láminas de salmón con topping de champiñones. “¿de verdad? ¿topping de champiñones? El CDTM”

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Luego vino la guinda de la torta, el error que pagaré de por vida en el infierno, en vez de pedir fondue pedimos La Potance de lomito. Recordé tanto aquella vez que fui al Centro Uruguayo y pedí pollo. Uno no aprende.

El segundo plato fue una sucesión de infortunios que se desarrolló más o menos así: trajeron el plato equivocado, luego el correcto pero frío, luego el equivocado pero caliente. Nadie en el mundo pudo haber hecho este trabajo tan bien. ¿3 veces? ¿te equivocaste 3 veces? En el mundo no deberían existir sitios así, el impacto que tienen en la sociedad es FULMINANTE.

Terminé la “velada” poseída por el espíritu de Mickey Knox. Pagar fue como premiar aquel desastre. A decir verdad, debieron pagarnos a nosotros por las torturas a las que fuimos sometidos. 

Si tuviera que escoger la peor primera vez, esta, sin duda, se llevaría todos los galardones.